De nuevo septiembre: empezar por la cocina

 

 

Llega septiembre, una vez más, y aunque ya no empecemos ningún curso escolar, nos enfrentamos de nuevo a la vida como un nuevo comienzo. Después de un paréntesis con otros ritmos y otras rutinas, volvemos a la cotidianidad más doméstica. Para afrontar este nuevo inicio con fuerzas y energías renovadas (o al menos, no perder de golpe todo lo que hemos descansado durante algunos días de relax estival…) nada mejor que renovar también nuestros hábitos más comunes. Volvemos a imponer horarios, dietas, trabajos… ¿por qué no realizarlos de una manera diferente?

Os propongo un ejercicio básico de Feng Shui: HACER VACÍO EN CASA, que significa vivir nuestro hogar con menos cosas, con menos ruido, en definitiva, simplificar para llegar a la esencia de lo imprescindible.

Ahora que se acerca el otoño, y puede que tengamos un bajón en la energía, es vital garantizar una nutrición correcta y reforzar nuestras defensas. Es por ello que empezaremos a trabajar en la zona donde fabricamos nuestras comidas, donde almacenamos los alimentos, y donde deberíamos pasar ratos estupendos disfrutando de nuestra relación vital con la comida: cocinar para las personas a quién amamos, degustar un plato nuevo, conocer un nuevo producto del mercado, elaborar un plato juntos, disfrutar del aroma de un bizcocho recién hecho,… A veces es difícil imaginar que todas estas actividades tengan cabida en nuestra cocina. Muchos días es un puro trámite calentar algo en el microondas y recoger los platos sucios por si hay visitas…

Vamos a intentar enriquecer el especio destinado a la COCINA en nuestro hogar (¡por pequeño que éste sea!). Tomaremos la perspectiva de crear un espacio de convivencia y de disfrute y no, como es muy habitual, de obligaciones, rutinas, suciedad y hastío.

La parte gastronómica la dejo para otros profesionales, como por ejemplo mi amiga Gema Santiago, personal shopper gastronómica (http://www.divinossabores.com/). Desde aquí tan solo quiero daros algunas pinceladas y consejos que os pueden facilitar la tarea de la mano del Feng Shui.

Y como no hay mejor consejo que la experiencia propia, este fin de semana me enfrenté a mi propia cocina. Mi cocina es más bien pequeña, con muebles altos (¡muy altos!, para el segundo estante me tengo que subir a un taburete) y bajos a lo largo de una sola pared. El espacio que queda es muy estrecho, pero suficiente para poder acomodar una mesa auxiliar (con alas abatibles, muy útil cuando la mesa del comedor no da más de sí, y que incorpora dos taburetes plegables) y mi fiel taburete-asiento que me auxilia cuando tengo que acceder a los estantes más altos.

Manos a la obra. Con todas las puertas de los armarios abiertas, emprendí diferentes tareas:

– En los armarios donde se guarda comida, revisar las fechas de caducidad y colocar los alimentos de manera que los productos más antiguos queden más a mano. Evidentemente, tirar los alimentos caducados y apuntar en una lista aquellos imprescindibles que actualmente no están en stock. O lo que es lo mismo, hacer la lista de la compra.
También es importante establecer cierto orden lógico en cómo ubicamos los alimentos. Por ejemplo yo tengo una zona de desayunos-café (cereales, galletas, azúcar, café, etc.), otra de latas y conservas (aperitivos, para cocinar), otra de productos a granel para cocinar (arroz, legumbres, pasta, harina, etc.), el estante de los postres (levadura en polvo, harinas especiales, gelatina, etc.), el armario de las bebidas (refrescos, vino, leche, agua, etc.). Vosotros mismos sabéis vuestras costumbres, así que nunca es tarde para hacer un esquema de vuestras preferencias dependiendo de lo que utilicéis diariamente o bien de manera puntual. En cada zona, por supuesto, ubicar los productos que utilizamos más a menudo de manera que podamos acceder más fácilmente.

– Lo mismo en la nevera y el congelador. Sí, hay una fiambrera que lleva más de un año congelada… mejor tirar su contenido sin mirarlo siquiera. En la nevera es más evidente detectar alimentos en mal estado, y es una revisión que solemos hacer cada semana. No obstante, de manera más profunda, también es conveniente revisar que todo funcione correctamente y que no haya escarcha. Reparar esa luz que no funciona al abrir la puerta del frigorífico, o aquel estante roto que no hemos repuesto.

– Pasamos a los objetos que necesitamos para cocinar. En primer lugar vamos a sacar de nuestra cocina (y de nuestra vida) aquellos objetos que no utilizamos, que están rotos, que guardamos “por si acaso” y que en ese afán de ser precavidos, nos están impidiendo hacer un uso fácil y simple de nuestro espacio. Vamos a hacer vacío.

Me he encontrado objetos duplicados, multitud de tarros vacíos que llevo guardando durante años en previsión de ¿qué?, un pequeño electrodoméstico que no funciona, regalos que no uso, etc. Por su culpa hasta ahora me he estado moviendo con armarios atestados hasta los topes, con objetos en segundas y terceras filas y pisos, lo cual no es muy práctico y me impide saber rápidamente dónde están las cosas, y lo más importante, ¿qué cosas tengo?

Todo esto ha desaparecido de mi cocina para siempre.

Ahora toca reflexionar sobre qué hacer con toda esta morralla que guardamos sin saber por qué, y de la que nos hemos liberado de pronto, quitándonos presión (a nosotros mismos y a nuestros armarios).
En mi caso, una vez hecha la operación de REducir, he llevado a REciclar botes de vidrio, y fiambreras viejas de plástico. También voy a REutilizar algunos elementos: he reservado para limpiar algunos botes iguales que me servirán para clasificar objetos pequeños de costura por ejemplo (pensaba comprar algún tipo de cajón con compartimentos, y estos botes serán ideales. Al no comprar algo nuevo, vuelvo a REducir). He aprovechado algunos recipientes de plástico que tenía guardados y que habían servido para almacenar alimentos a granel, para guardar moldes para hacer galletas. Son varios recipientes iguales, que se pueden apilar, y que además dejan a la vista su contenido, lo que resulta muy práctico. Nada que ver con el laberinto que tenía que recorrer para acceder a algunos moldes específicos.
He recordado que antes era mucho más habitual esto de REutilizar, aunque ahora también se esté poniendo de moda (Re-use, second life, etc.) y me ha venido a la cabeza la imagen de los botes de Colacao antiguos (los de paredes verticales rectas, no los curvilíneos de ahora) que servían de portalápices en clase de dibujo. Creo recordar incluso su aroma persistente…
También REgalaré algunos cachivaches que están en perfecto estado a unos familiares que están decorando una segunda residencia. Al evitar comprar estos elementos en su nueva cocina, volvemos a REducir entre todos.
Quería REparar el pequeño electrodoméstico roto, pero no vale la pena por el coste de la maquinaria y la mano de obra. Además, se trata de una panificadora eléctrica, y últimamente me doy bastante maña haciendo el pan a mano. Lo que me sirve para seguir REduciendo en consumo eléctrico. Evidentemente, llevaré el electrodoméstico al punto de REciclaje del barrio.

Los objetos han sido agrupados según su destino: Bolsa con utensilios para REGALAR, bolsas con recipientes para RECICLAR y un buen remojo para limpiar las etiquetas de los botes que voy a REUITILIZAR.

Es decisión vuestra hasta dónde queréis llegar con el vacío. No es cuestión de ponerse a tirar la casa por la ventana. Debe ser una reflexión meditada sobre lo que vale la pena seguir guardando y lo que no. Puede que tengáis una taza de desayuno especial y que no utilicéis para evitar que se rompa porque se trata de un regalo de vuestro hijo pequeño, que os la ha decorado con todo su amor. No os vais a deshacer de ella, aunque quizás haya llegado el momento de poner en valor esos sentimientos y utilizarla cada día. Seguro que empezáis el día con más de una sonrisa.

– Por último probad a REPENSAR si tenéis los utensilios guardados en la ubicación óptima para el funcionamiento de la cocina. Puede ser útil sacar todos los elementos de los armarios (para así limpiar de paso el interior de los armarios) y hacernos una idea del espacio del que disponemos. Podéis agrupar los cacharros clasificados según su función (para ello vais a colonizar el espacio que necesitéis fuera de la cocina, tan solo será un día como mucho para pedir paciencia a la familia…) y al mismo tiempo observar el espacio que tenéis en la cocina, y aquellos armarios y/o cajones que son más accesibles. Entonces, a modo de pasatiempo, tendréis que relacionar cada función con cada compartimiento de la cocina, atendiendo a su tamaño, claro está, y a la periodicidad con que la necesitáis. Quizás os dais cuenta de que hay un utensilio que os encanta (o que puede que hayáis olvidado que teníais) que apenas utilizáis porque os resulta muy incómodo de coger. O bien que tenéis al alcance de la mano cacharros que utilizáis muy de tarde en tarde.

Tratad de hacer este ejercicio con la máxima objetividad posible y sin dejaros caer en la tentación de las costumbres adquiridas por el tiempo. Estamos en septiembre, y algo positivo de este mes es que nos da la oportunidad de comenzar de nuevo de manera diferente. No desaprovechéis la oportunidad y realizad este ejercicio de vez en cuando. Por qué no cada septiembre, cada enero, cada vez que emprendáis un reto personal en vuestra vida, después de un mal momento,… En el fondo, si lo practicáis a conciencia, esta simple actividad os puede dar información sobre vosotros mismos. Sí, sí, puede que el desorden se haya instalado en vuestro hogar, pero en la mayoría de los casos, el desorden somos nosotros mismos, y lo trasladamos a todo lo que tocamos. Reflexionad sobre el orden y la armonía en vuestra cocina y si existe alguna equivalencia con algún desorden o malestar en vuestra alimentación por ejemplo. Tanto la enfermedad como nuestro entorno no son más que un reflejo de nosotros mismos. De existir algún problema, para lo primero existen multitud de remedios y terapias, además de la medicina, evidentemente. Para la segundo tenemos la ayuda del Feng Shui. No penséis que el Feng Shui es una técnica más de decoración. Su función es mucho más profunda y enriquecedora. Espero poder transmitirlo de manera que os resulte útil a través de este blog.

Bienvenidos a un nuevo comienzo.

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Atreverse a empezar

 

En mi paseo habitual, hoy tomé una ruta desconocida, me adentré en un barrio que no había pisado nunca, tan cerca y tan lejos de mi casa al mismo tiempo. Separado por una línea, una calle especialmente transitada y que dificulta la permeabilidad entre mi barrio y el de al lado. Es curioso, porque conozco todos los barrios colindantes al mío, y sin embargo éste era un lugar totalmente inhóspito, tanto, que apenas existía en mi mapa mental de la ciudad que contenía zonas mucho más alejadas.

El caso es que hoy, no sé por qué, atravesé la calle, crucé la línea, y me adentré en un lugar extraño, oscuro, y no demasiado limpio ni perfumado. En definitiva, muy diferente a lo que estoy acostumbrada. Yo seguía a mis pasos, y mis pies me llevaban por calles que no me gustaban, con edificios feos, descuidados y al borde de la ruina. Llegué a sentir miedo. Un miedo muy profundo hacia un terreno desconocido, hacia las personas extrañas que veía, hablando diferentes idiomas y vistiendo raras ropas. Pero era mi momento de experimentar, y no me acobardé, seguí adelante a pesar de todo. Al final de la calle, sorprendentemente, encontré un jardín maravilloso. Un cercado rodeaba un jardín y un huerto con unos pequeños edificios modernistas recién restaurados, y que se me presentaron a modo de casa de golosinas y chocolate. La sorpresa fue mayúscula. Se trata de un recinto con pequeños huertos cuidados por los mayores del barrio. Allí estaban las tomateras, las calabazas, los espantapájaros, las hierbas aromáticas… Desde allí divisaba la gran carretera de entrada a la ciudad (cuántas veces habría pasado por ella y ni si quiera se me habría ocurrido mirar hacia allí arriba donde ahora me encontraba, entonces ese lugar ¡no existía!). Empecé a imaginar a los cuidadores del huerto, preparando el terreno con esmero, incluso enseñando a los niños las prácticas horticultículas más sencillas, un espacio de compromiso y amor hacia la naturaleza, de convivencia y de respeto a la vida. Me sentí reconfortada y pensé que las dificultades del camino habían sido sobradamente recompensadas. En la vuelta hacia mi casa, volví a ver aquellos edificios de una manera diferente, comprendí a las personas, respeté sus diferencias, y sentí el lugar también como mío.

Hoy me enfrenté a mi sombra, a mi lado oscuro, y me di cuenta de que también forma parte de mí y que lo amo.

 

El mínimo impulso de cambiar, de superar un límite, de cruzar la frontera con lo desconocido, debe ser tenido en cuenta, debe ser escuchado. Podemos encontrar un final maravilloso, podemos tener problemas, pero sin duda aprenderemos algo esencial de nosotros mismos. No dejéis de escuchar la llamada del cambio, a veces tu cuerpo te lo pide, te da pequeñas señales luminosas. Yo tan solo tuve que seguir mis pies y dejar de pensar. Aprendí que puedo sentir miedo, pero que esto es transitorio, lo importante es empezar, atreverse, y aquí nace este blog que llevaba meses hibernando. Meses de indecisión, de temores, que hoy finalmente se han deshecho, disueltos como niebla frente el Sol.

Os invito a compartir esta aventura conmigo, a motivarnos y preguntarnos mutuamente, a sorprendernos y a aprender. Sé que hay cosas más científicas, otras más esotéricas, otras más culturales, otras más personales, porque creo que todas ellas están relacionadas y son diferentes facetas de la misma piedra preciosa ¿Os atrevéis a acompañarme en esta aventura? Desde aquí os doy la más cordial bienvenida a todos y todas.

Audio: “Me llamas” de José Luis Perales, cantado por el bachatero dominicano Héctor Acosta.

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